Con el crecimiento de nuestro diócesis, se nos pide desarrollar un corazón apostólico

Por el Obispo Michael Olson

North Texas Catholic

8/18/2014

Han sucedido tantas cosas que es muy difícil para mí admitir que han pasado seis meses desde mi ordenación e instalación como Obispo de Fort Worth. Los clérigos, religiosos y laicos me han conmovido con su celo y amor por su fe católica. Mis visitas a las parroquias, escuelas, a los ministerios en campos universitarios y a otros ministerios, han reafirmado la gentil evaluación que me ofreció el señor Arzobispo Carlo Maria Viganò, el Nuncio Apostólico, al final de la liturgia de ordenación celebrada con 10,000 personas en el Centro de convenciones de Fort Worth, el 29 de enero de 2014: “Compartiré con el Santo Padre que la Iglesia en Fort Worth está verdaderamente viva y floreciente”.

El alcance de la declaración del Nuncio adquirió un significado más profundo cuando revisé los reportes demográficos sobre la población actual y el proyectado crecimiento dentro de la diócesis, especialmente en los condados de Tarrant, Denton, Johnson, Wise y Parker. Mientras el número estimado de personas (de católicos en particular) que vendrán a vivir en la Diócesis de Fort Worth indica un crecimiento rápido, este crecimiento sólo puede considerarse abrumador si lo vemos sin fe o sin esperanza. Si lo vemos como un problema y no como un llamado del Señor a compartir nuestra fe, a propagar el Evangelio, a promover vocaciones sacerdotales, a tender la mano a los pobres, a dar la bienvenida al inmigrante; y a recibir los dones que nuestros hermanos nos ofrecen al trabajar juntos para establecer nuevas parroquias, escuelas y para fortalecer nuestros ministerios existentes.

Esta buena noticia de nuestro crecimiento en número, informará y guiará el plan pastoral que urgentemente se requiere para cubrir las necesidades de nuestra Iglesia local. Intento emprender la formación de este plan con una legítima consulta pastoral que nos motive a actuar y no con un proceso consultivo per se que nos paralice. El tiempo es lo esencial. La formación e implementación de tal plan, sólo puede empezar después de que, con gratitud, hagamos un inventario de los muchos dones que Dios nos ha concedido para crecer para bien de la misión de evangelización. Esta misión debe impulsar nuestras instituciones diocesanas, no lo contrario.

La formación e implementación de un plan pastoral nos llama a todos y cada uno de nosotros a sacrificarnos por difundir el Evangelio en las áreas en desarrollo en nuestra diócesis. Al discernir de esta manera, Dios pedirá a cada uno — clérigos, religiosos y laicos — desarrollar un corazón apostólico y dar de nosotros mismos alegre y generosamente para atender las necesidades pastorales de los recién llegados a la Diócesis de Fort Worth. Cada uno de nosotros debe estar preparado para sacrificarse por el bien de otros. Esta disposición caritativa nos capacita para continuar evangelizando a los miembros de nuestra sociedad que no pertenecen a la Iglesia así como a los que han sido iniciados pero no están suficientemente catequizados en lo esencial de nuestra fe. Esta generosidad debe ser dirigida especialmente a las prioridades del discipulado, que incluye: ayudar a los pobres, orar y activamente animar las vocaciones sacerdotales y religiosas, y formar catequística y espiritualmente a nuestra juventud y a los jóvenes adultos en la vida sacramental.

El Señor nos confía una parte especial en su misión de evangelizar. Le pido a cada uno orar para agradecerle este regalo y pedirle su sabiduría para guiar la decisión que cada uno de nosotros hará para trabajar por difundir el Evangelio y por el crecimiento sólido y vigoroso de su Iglesia. ¡Cuánto nos ha bendecido Dios al vivir y servirlo en estos tiempos!

Han sucedido tantas cosas que es muy difícil para mí admitir que han pasado seis meses desde mi ordenación e instalación como Obispo de Fort Worth. Los clérigos, religiosos y laicos me han conmovido con su celo y amor por su fe católica. Mis visitas a las parroquias, escuelas, a los ministerios en campos universitarios y a otros ministerios, han reafirmado la gentil evaluación que me ofreció el señor Arzobispo Carlo Maria Viganò, el Nuncio Apostólico, al final de la liturgia de ordenación celebrada con 10,000 personas en el Centro de convenciones de Fort Worth, el 29 de enero de 2014: “Compartiré con el Santo Padre que la Iglesia en Fort Worth está verdaderamente viva y floreciente”.

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