Cómo una santa tocó los corazones de la gente de la Diócesis de Fort Worth

por Joan Kurkowski-Gillen

North Texas Catholic

11/4/2016

Santa Teresa de Kolkata. (L'Osservatore Romano)

FORT WORTH — Santa Teresa de Kolkata fue canonizada el 4 de septiembre, 2016 por el Papa Francisco durante una Misa en la Plaza de San Pedro. La fundadora de las Misioneras de la Caridad, nativa de Albania, influyó las vidas de innumerable gente alrededor del mundo.  Aquí tenemos unas pocas historias locales.
 

La Madre Teresa inspira trabajos con enfermos terminales

No hay mucha gente que pueda decir que pasaron una hora en conversación reflexiva con la Madre Teresa de Kolkata. Gini Joseph Kempen es una de esas personas.

La azafata de American Airlines conoció en 1995 a la recientemente canonizada santa durante un viaje a la India para visitar a sus familiares. Su tía fue de los primeros miembros de la orden religiosa iniciada por la Madre Teresa—las Misioneras de la Caridad—y el padre de Kempen simplemente tomó el teléfono y arregló una cita con su amiga, ganadora del Premio Nobel, a la que él ha conocido y apoyado desde los 1950s.

“Ella era más bajita de lo que yo esperaba—diminuta”, recuerda Kempen, que entonces tenia 26 años y quería conocer a la mujer que Time Magazine, en 1975 había declarado “santa viviente”.

La azafata de aerolínea asistió a la Misa matutina dentro de la sencilla capilla sin bancas, y recuerda ver a la frágil misionera de 85 años hincarse en el duro piso de madera y ayudar a distribuir la Communion a los feligreses en el cuarto caliente y húmedo. Los benefactores frecuentemente donaban abanicos al convento, pero las hermanas le dijeron a la familia Joseph que la Madre Teresa no aceptaba ese lujo, “mientras los demás no lo tuvieran”.

El recuerdo que Kempen aprecia más son “esas pocas horas que pasé allí con ella sentada en un banco junto a mí, sosteniendo mi mano y hablándome acerca de lo que Dios quiere que hagamos”, dice ella.  “Fue un momento decisivo en mi vida espiritual”.

Después de ver la pobreza en el área más pobre de Calcuta, ahora Kolkata, y conociendo la labor de la Madre Teresa con los huérfanos y moribundos, la joven India nacida en América empezó a reconsiderar su vida. Se convirtió en voluntaria, y entrenadora de voluntarios, para cuidar enfermos terminales, y más tarde usó esos conocimientos para cuidar a su suegra que padecía de la enfermedad de Alzheimer.

Kempen, quien todavía tiene un dije y un rosario que le fueron dados durante la visita, nunca vio a la Madre Teresa como mística o sobrenatural. El lazo que las unió fue más personal.

“Sólo la conocí como una mujer que me inspiró y me puso en el camino que era el propósito de mi vida”, ella insiste. “Ella fue el catalizador para la dirección que tomé”.
 

La visita a Fort Worth enfatizó “combatir la pobreza empieza en casa”

El trabajo de la Madre Teresa con los pobres y los indefensos apenas empezaba a atraer la atención mundial cuando ella vino a Fort Worth en mayo, 1976.

La humanitaria mujer estaba en los Estados Unidos para recibir el Premio Pacem in Terris Peace and Freedom otorgado por el Consejo Católico Interracial; y visitar varias ciudades americanas era parte de su itinerario.

Madre Teresa atiende a un hombre enfermo en una foto sin fecha. (Foto cortesía de CNS/ Catholic Press Photo)

Bob Walters fue parte de la muchedumbre que dio a la Madre Teresa una ovación de pie cuando subió al escenario del Centro de Convenciones de Fort Worth. El fallecido Padre Robert Wilson presentó a la oradora y describió sus ministerios a la asombrada audiencia.

“Su presencia en el escenario era abrumadora”, cuenta Walters, admirador de la misionera por mucho tiempo y que estaba deseoso de verla en persona. “Además de mis fuertes emociones, sentí que algo pasó físicamente sobre mí—como una briza que de repente roza la cara o como pasar de las sombras a la luz del sol. Supe en mi corazón que estaba en la presencia de una santa”.

En ese entonces empleado como investigador científico en la industria aeronáutica local, y padre de tres niños pequeños, Walters se preguntaba cómo podría él cumplir con sus obligaciones familiares y aún ayudar la labor de la Madre Teresa en la India. 

Hablando en baja y suave voz, la que habría de ser santa, nombró su conflicto interno.

“Lo que más me conmovió fue cuando dijo, ‘por favor no vengan a Kolkata a ayudar a aliviar nuestra pobreza. Trabajen para aliviar la pobreza en su propio hogar’.  En ese momento supe que mi trabajo era quedarme en mi casa y ser para mis tres hijos el mejor padre que yo pudiera”, reveló el feligrés de San Francisco de Asís.

Junto con su esposa, Angela, directora diocesana del Proyecto Gabriel, Walters es hoy un defensor de los no nacidos y de otras formas de respetar la vida,

“La Madre Teresa tenia un lugar especial en mi corazón, especialmente después de esa tarde en el Centro de Convenciones en Fort Worth”, dijo él. “Con entusiasmo esperaba el día cuando ella oficialmente sería declarada santa”.
 

Una carta sin estampilla fue la respuesta a una oración

Pat Pelletier aún recuerda el día en agosto de 1985 cuando abrió su buzón y encontró una carta sin estampilla. Su llegada era casi providencial.

Su esposo, Chuck Pelletier, ya fallecido, estaba sentado en la oficina de un abogado esperando dar su declaración en una demanda judicial que desafió su trabajo pro-vida en el Condado Tarrant. La carta era de la Madre Teresa respondiendo a una nota y un boletín, que Pat le había enviado unas semanas antes, acerca de la ayuda que la pareja daba a mujeres embarazadas y en situaciones difíciles.

La carta decía:

Estimado Pat, gracias por tu amable carta y el boletín.  Me alegra y le doy gracias a Dios por todo el hermoso y buen trabajo que todos ustedes están haciendo para ayudar a las madres en apuros y el cuidado por los pequeños indefensos. Que Dios los ilumine para que sepan cómo ayudar a cada persona que viene a ustedes, y que los fortalezca ante las dificultades. Mantengan en sus corazones la alegría de ser amados por Dios como su fuerza, porque Él es fiel. Que Dios los bendiga, Madre Teresa.

“Fue tan significativo para nosotros recibir la carta ese día”, dice Pat pensando en las circunstancias. “Estábamos pasando por un tiempo muy difícil en nuestra vida y la carta nos dio una sensación de alivio al saber que estábamos haciendo lo correcto”.

La última frase en la nota escrita por la Madre Teresa fue la respuesta a una plegaria de Chuck Pelletier, quien murió en enero 2016 después de décadas de trabajar para cambiar los corazones de la gente acerca del aborto.

“Esas palabras eran muy especiales para él”, dijo su esposa.

A través de los años, los Pelletiers compartieron copias de la carta con otros, pero guardaron el preciado original en una caja fuerte. Ahora esa carta se considera reliquia de tercera clase.

“Siempre sentimos que un angelito la trajo y la depositó en el buzón”, dijo Pat, y todavía se asombra de cómo la correspondencia llegó desde India a Texas sin franqueo.

“Yo estaba emocionada acerca de la canonización. Ver a la Madre Teresa declarada santa durante el Año de la Misericordia es muy especial porque ella fue misericordiosa con mucha gente”.
 

Un viaje a la India deja una impresión perdurable

Leer Ciudad de Ángeles, un libro por Dominique Lapierre acerca de los héroes  anónimos que trabajan en los barrios pobres de Kolkata cambió—y casi terminó—la vida del Padre Jim O´Toole.

Después de 21 años como capellán en la Fuerza Aérea, el sacerdote diocesano dejó el servicio militar y puso sus miras en viajar a la India.

“Estaba inspirado por el sacerdote en el libro y decidí ir allá”, recuerda el ahora jubilado pastor. “El año era 1989 y las caridades de la Madre Teresa iban a toda velocidad”.

Una imagen de archivo sin fechar muestra a Santa Teresa de Kolkata sosteniendo a un niño durante una visita a Varsovia, Polonia. (CNS foto/Tomasz Gzell, EPA)

El entusiasmado voluntario vivió con los hermanos Misioneros de la Caridad y trabajó en el hogar para los moribundos.

“Levantábamos gente en las calles, los llevábamos a la casa, los lavábamos, los limpiábamos, y les dábamos de comer”, dice el P. O´Toole describiendo el cuidado que daban sin la protección de mascarillas o guantes. “La casa era una sala abierta impecablemente limpia. Movían las camas, y los pisos se desinfectaban con una solución que podia quemar la piel”.

El P. O´Toole nunca conoció a la Madre Teresa. Ella salió de Kolkata el día que él llegó y regresó tres meses y medio después. Para entonces, el Tejano estaba seriamente enfermo con fiebre tifoidea, hepatitis, y tuberculosis, y corriendo a casa para recibir tratamiento.

Pero mientras celebraba Misa en el convento cada mañana y pasaba tiempo en la colonia de leprosos, el P. O´Toole llegó a comprender a la santa viviente a través de sus hermanas y otros colegas. Según la gente que la conocía mejor, la Madre Teresa era una alma incansable, dedicada y obstinada.

“Me dijeron que si no se hacía su voluntad, hacía berrinches, pero siempre era por algo que afectaba a los pobres”, explica él. “Cuando no le daban lo que necesitaba, ella se disgustaba”.

El P. O´Toole recuerda la oficina matriz de la Madre Teresa como un cuarto de 3 x 3 metros con dos máquinas de escribir manuales y un teléfono. La escasamente amueblada oficina recibía diariamente miles de dólares en donativos y enviaba el dinero a misiones alrededor del mundo.

“Una vez alguien le aconsejó poner algún dinero en el banco o invertirlo para ganar intereses, pero eso nunca sucedió”, dice él, compartiendo una de las muchas historias que oyó. “Ella dijo, ‘Dios nos envió el dinero que Él quiere que  tengamos hoy, y Él nos mandará lo que quiere que tengamos mañana’”.

 Le tomó al P. O´Toole un año recuperarse de las casi mortales enfermedades que contrajo en la India, pero no se arrepiente de la experiencia.

“No hay duda que el trabajo que esas hermanas y la Madre Teresa hicieron fue monumental y heroico”, él indica. “Para mí, fue el momento culminante de mi vida.  No he hallado nada más satisfactorio”.

FORT WORTH — Santa Teresa de Kolkata fue canonizada el 4 de septiembre, 2016 por el Papa Francisco durante una Misa en la Plaza de San Pedro.

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