Contra Todo Pronóstico

by Joel De Loera

North Texas Catholic

3/7/2018


Unos meses antes de casarme con la mujer de mis sueños, amigos y parientes me decían que nuestro “amor romántico” se desvanecería y se volvería una relación fría y distante dentro de los primeros años de matrimonio, especialmente después de que llegaran los niños. Por supuesto, nuestros seres queridos también nos felicitaban, pero muchos insistían en que deberíamos tener una visión realista sobre el matrimonio.

Nora y yo nos prometimos que siempre nos amaríamos. Estábamos convencidos que nada ni nadie podría cambiar nuestra inquebrantable unión.

Pero nuestro primer año fue duro. La etapa “romántica” pasó y todo parecía indicar que las advertencias habían sido  verdaderas. La realidad llegó de golpe cuando nuestros traumas y heridas pasadas resurgieron. Teníamos muchos asuntos que solucionar si queríamos, alguna vez, llegar a experimentar abundante paz y felicidad en nuestro matrimonio. 

Hoy, después de nueve años de matrimonio y cinco hermosos niños, podemos decir con confianza que no solo nos amamos locamente, sino que hemos descubierto el verdadero significado del amor. El amor es más que un sentimiento: es buscar siempre el bien de la persona amada aún si eso significa sacrificarse y negarse a sí mismo. En un momento, estábamos inseguros acerca del futuro; ahora estamos sumamente optimistas para el porvenir.

¿Cómo superamos nuestras diferencias? Con la gracia de Dios, por supuesto, y también tomando algunos pasos prácticos que recomendamos a todas las parejas, especialmente a la más jóvenes.

1.    No enfrentamos nuestros problemas solos. En cambio, confiamos en las oraciones y el apoyo de nuestra familia espiritual. Dios nos envió magníficos directores espirituales quienes nos ayudaron en nuestros momentos más difíciles. Muchas parejas rehúsan buscar ayuda por vergüenza o por orgullo, o muchas no saben que hay ayuda disponible. Los matrimonios necesitan guía y dirección de su párroco y apoyo y oraciones de la comunidad de fe, y esto debería ser una prioridad en cada parroquia.

2. Nunca nos hemos ido a dormir sin primero decir “lo siento” por los errores que cometimos. Durante nuestro primer año nos quedábamos despiertos hasta tarde esperando que el otro se disculpara primero. Era una tontería. Esta fue una de las primeras lecciones que aprendimos de la Escritura: “Enójense, pero no pequen: y que su enojo no dure más allá de la puesta del sol, y no den al diablo oportunidad alguna” (Efesios 4:26-27). Misericordia, perdón y reconciliación debería ser una parte esencial en el diario vivir de cada cristiano, especialmente los que estamos casados.

3. Desde el principio, la oración diaria fue central en nuestra relación. Orando juntos sin duda ha mejorado nuestro matrimonio y nuestra relación con Cristo. Nuestros niños aman el Rosario y la Liturgia de las Horas.

4. Comer en familia por lo menos tres veces por semana es sumamente importante y sagrado. Esta práctica permite que cada miembro de la familia comparta sobre sus vidas y se conecten entre ellos. Que la pareja salga es más difícil cuando hay niños, pero cuando se quiere, se puede. No tiene que ser complicado o costoso. Muchas veces lo más sencillo es mejor y más eficiente.

Estas son solo algunas de las prácticas y rituales que han salvado y mejorado nuestro matrimonio. Las parejas que están experimentando situaciones más difíciles como infidelidad, la muerte de un niño, o enfermedad mortal, deberían inmediatamente buscar ayuda pastoral y profesional.

Sé que la verdadera razón por la que todavía estamos casados y realmente floreciendo es por la gracia concedida por Cristo por medio del Sacramento del Santo Matrimonio. El Papa Pablo VI escribió: “Por este sacramento ellos se fortalecen, y uno casi puede decir, se consagran a cumplir fielmente sus deberes. Así, ellos se dan cuenta plenamente de su vocación y dan su propio testimonio de Cristo ante el mundo”. (Humanae Vitae, 25)

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Joel de Loera tiene una maestría en Teología Pastoral y es el Director de Formación de la Parroquia San Bartolomé en Fort Worth. 

 

Unos meses antes de casarme con la mujer de mis sueños, amigos y parientes me decían que nuestro “amor romántico” se desvanecería y se volvería una relación fría y distante dentro de los primeros años de matrimonio, especialmente después de que llegaran los niños. Por supuesto, nuestros seres queridos también nos felicitaban, pero muchos insistían en que deberíamos tener una visión realista sobre el matrimonio.

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