Ver con el Coazón de Jesús

Por Susan Moses y Juan Guajardo

9/27/2017

En esta foto de 2016, Eva Lara reacciona como ella llega a su abuela a través de la pared fronteriza durante una breve visitación en San Diego. Eva, que vive en los Estados Unidos legalmente a través de una legislación que impide temporalmente que los jóvenes inmigrantes sean deportados, no ha visto a su abuela desde que la familia abandonó México.

No hay duda de que estamos viviendo en tiempos turbulentos. 

Desde el reasentamiento de los refugiados y las prohibiciones de viajar hasta los muros fronterizos, los Soñadores y las leyes de inmigración, por cada respuesta compasiva, tal parece que hay una reacción igual de división, temor, malentendido e ira, incluso entre los católicos.
Como tal, North Texas Catholic está ofreciendo una perspectiva panorámica a través del lente de nuestra Iglesia, el Papa Francisco y nuestros Obispos, que están unidos al pedir una respuesta amable y justa para los “más pequeños entre nosotros”.

Entender y responder a la Ley SB 4
La ley SB 4, que fue sancionada por el Gobernador Greg Abbott el 7 de mayo, cambia el panorama de las leyes de inmigración en Texas al castigar a las autoridades locales o a los funcionarios municipales que no cumplen con las peticiones federales de inmigración (órdenes de detención) para mantener detenidos a los reclusos no ciudadanos hasta su deportación.

El castigo por no honrar una orden de detención varía desde la negación de fondos estatales hasta sanciones civiles y criminales, multas de hasta $25,000 por violación, ser removido de su cargo público y ser encarcelado.

Además, la ley permite a los oficiales preguntar sobre el estatus migratorio de una persona en cualquier momento, no sólo cuando alguien ha sido arrestado. 

Actualmente, la ley SB 4 es objeto de una demanda que haya sido radicada por varias ciudades y condados de Texas, en la que se alega que dicha ley viola la 5tª, 10ma y 14ta enmiendas de la Constitución de los Estados Unidos.

Mientras tanto, los obispos de Texas se han opuesto a la ley SB 4 en repetidas ocasiones debido a la forma en que la ley deja a un lado la llamada de Cristo para acoger al extranjero y ofrecer ayuda y esperanza a los oprimidos y necesitados.

El obispo Olson expresó su preocupación y decepción por esta ley, diciendo que la legislación podría “hacer un gran daño al bien común porque fomenta una actitud de sospecha sobre el estatus legal de todos los inmigrantes”.

Más bien, dijo, “las medidas de cumplimiento de la ley deben tener como objetivo enfocarse en los criminales peligrosos para su encarcelamiento y deportación”.

Agregó que esta ley no resuelve los “complicados problemas de nuestro sistema de inmigración”. Los obispos de Texas declaran que para hacer eso las políticas deben abordar primero las causas de la huida de un país de origen y reformar el proceso de admisión de los inmigrantes que está sumamente gravado.

Hablando en nombre de todos los obispos, el Obispo de Austin, Reverendísimo Joe Vásquez, le dijo al Senado de Texas el 2 de febrero que la Iglesia “no aprueba ni fomenta la inmigración ilegal porque no es buena para la sociedad ni para el migrante, que tiene que vivir con miedo y en las sombras”. 

No obstante, afirmó que las leyes deben “respetar los derechos y la dignidad que nuestro Creador ha dado a cada persona”. 

Margarita Morton, feligrés de la Catedral de San Patricio y abogada de inmigración en Fort Worth, dijo que, aunque la ley entra en vigor el 4 de septiembre, ya ha causado mucha incertidumbre y miedo en la comunidad de inmigrantes. “He escuchado de varios clientes que sus vecinos están considerando mudarse debido al miedo y la incertidumbre de lo que les pasará a sus seres queridos si se quedaran en este país”.

A pesar de que la ley prohíbe el perfil racial y la discriminación, Morton y otros expertos -incluyendo a la policía- han expresado que los inmigrantes se sentirán con desconfianza hacia las autoridades y “más reacios a presentarse ante ellos para reportar un crimen”.

En un artículo reciente, el Arzobispo de San Antonio, Gustavo García-Siller y el Obispo de Brownsville, Daniel Flores, dijeron que al darle a la policía estatal y local el poder de preguntar sobre el estatus de inmigración en cualquier momento, incluso en las paradas de tráfico rutinarias, harán que la gente tenga “un miedo terrible” e “inmediatamente se preocupen por sus hijos y sobre su propia seguridad en caso de que fueran deportados”. 

“Es esta incertidumbre y posible pánico en el momento del interrogatorio lo que genera miedo y perjudica el tejido de la comunidad” añadieron ellos.

Un inmigrante hondureño juega con su hija durante un taller de inmigración en 2017 en Dallas para determinar a los tutores legales en caso de deportación.

¿Podrá resolver los problemas un muro fronterizo? 
El Presidente Trump hizo la promesa de construir un muro en la frontera entre Estados Unidos y México durante su campaña y el presupuesto que propuso para el año fiscal del 2018 incluye $1,600 millones de dólares para la construcción de 74 millas de muro fronterizo. Se estima que, de un total de aproximadamente 1,900 millas de la frontera entre los Estados Unidos y México, 650 millas ya tienen un muro.

“La construcción de dicho muro sólo hará que los migrantes, especialmente las mujeres y los niños vulnerables, sean más susceptibles a los traficantes y los contrabandistas. Además, la construcción de esa pared desestabiliza las muchas comunidades vibrantes y bien interconectadas que viven pacíficamente a lo largo de la frontera”, dijo el Presidente del Comité de Migración de los Obispos de los Estados Unidos, Mons. Joe Vásquez, Obispo de Austin.

Otros obispos de la frontera estuvieron de acuerdo. “Si bien los países tienen el deber de garantizar que la inmigración sea ordenada y segura, esta responsabilidad nunca puede servir como pretexto para construir muros y cerrar la puerta a los migrantes y refugiados”, dijo el Obispo Mark Seitz de El Paso.

“Los Soñadores” enfrentan incertidumbre y mensajes contradictorios 
“Los jóvenes indocumentados traídos a los Estados Unidos por sus padres contribuyen a la sociedad americana y merecen protecciones continuas”, dijeron los obispos católicos de los Estados Unidos este verano.

“Estos jóvenes entraron a los Estados Unidos cuando eran niños y éste es el único hogar que conocen”. Los jóvenes que califican para el programa son “contribuyentes de nuestra economía, veteranos de nuestro ejército, destacados académicos en nuestras universidades y líderes en nuestras parroquias “, agregó el Obispo Joe Vásquez.

La política de Acción Diferida para la Llegada de los Niños (DACA, por siglas en inglés) se implementó en el 2012 mediante una polémica orden ejecutiva. Más de 750,000 jóvenes (“Los Soñadores”) obtuvieron una suspensión temporal de la deportación y la oportunidad de obtener permisos de trabajo por dos años.

El Presidente Trump terminó en junio un programa similar que permitía a los padres indocumentados de niños americanos solicitar permisos de trabajo y residencia por tres años y emitió mensajes contradictorios sobre el futuro de DACA. Diez gobiernos estatales, incluyendo Texas, amenazan con radicar una demanda, a menos que el programa de DACA sea rescindido antes del 5 de septiembre.

El obispo Vásquez dijo que el programa DACA no es una solución permanente y pidió al Congreso encontrar una solución legislativa para estos jóvenes “tan pronto como sea posible”. A pesar de que su futuro es incierto, el Obispo Vásquez dijo a los Soñadores y a sus familias: “la Iglesia Católica está en solidaridad con ustedes”. 

No pierdan su humanidad 
En marzo, en un punto culminante del debate sobre la inmigración y los refugiados, los obispos de los Estados Unidos alentaron a los católicos americanos a acompañar a los migrantes y refugiados que buscan una vida mejor en los Estados Unidos.

En su reflexión pastoral llamaron a los católicos a mirar más allá de la política y a “no perder de vista el hecho de que detrás de cada política está la historia de una persona en busca de una vida mejor. Pueden ser una familia de inmigrantes o refugiados sacrificándose para que sus hijos tengan un futuro mejor “.

Dejaron claro que es necesario salvaguardar al país a través de las leyes de inmigración, pero esto debe hacerse de una manera que “no nos haga perder nuestra humanidad”.

Como tal, exhortaron a los católicos a que pidan a los legisladores que arreglen el sistema de inmigración de una manera que “proteja nuestra seguridad” y que, al mismo tiempo, permita oportunidades humanas y generosas para la migración legal.

Desde el reasentamiento de los refugiados y las prohibiciones de viajar hasta los muros fronterizos, los Soñadores y las leyes de inmigración, por cada respuesta compasiva, tal parece que hay una reacción igual de división, temor, malentendido e ira, incluso entre los católicos. Como tal, North Texas Catholic está ofreciendo una perspectiva panorámica a través del lente de nuestra Iglesia, el Papa Francisco y nuestros Obispos, que están unidos al pedir una respuesta amable y justa para los “más pequeños entre nosotros”.

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