Como va la familia, así va la iglesia

por Joel De Loera

North Texas Catholic

4/25/2018

La Iglesia se regocija con los que se regocijan y llora con los que lloran. Esto es particularmente cierto para las familias, ya que “la familia es la célula vital de la vida social”. (CCC 2207)

Si la familia se debilita, así también se debilitarán la sociedad y la Iglesia. Las familias disfuncionales contribuyen a sociedades disfuncionales y parroquias disfuncionales. Por otro lado, cuando una familia camina unida en la fe, la esperanza y la caridad, y ora junta en unión a María y los santos, esto brinda bendiciones sobre la comunidad parroquial y la sociedad en general. 

Las familias deben reconocer el papel enorme y fundamental que tienen. La misión y el deber de la familia de manifestar el amor de Dios no sólo atañe a sus miembros, sino al mundo más amplio de los creyentes y no creyentes: “Como va la familia, así va la nación y, asimismo, va el mundo en que vivimos” (Papa San Juan Pablo II).

Desafortunadamente, muchas familias no están experimentando la verdadera alegría. Muchas de ellas se sienten abandonadas y traicionadas. La familia en el mundo de hoy está en peligro, especialmente la familia cristiana. Está siendo atacada por todos lados y en formas que eran inimaginables hace sólo unas décadas.

Muchas familias están cerrando sus corazones a cualquiera o cualquier cosa fuera de su propio “pequeño” mundo, en donde los placeres temporales son la norma, lo que resulta en una actitud egoísta, egocéntrica y materialista hacia la humanidad. Estas actitudes impiden la madurez y el crecimiento en el amor y la generosidad en la familia. Las familias deben reconocer que están destinadas a ayudar y recibir ayuda de otras familias.

El finado pontífice tenía una visión clara de la familia. En Familiaris Consortio, San Juan Pablo II menciona algunos elementos positivos y negativos que se encuentran en las familias modernas. Entre los signos negativos que observó se incluyen los siguientes:

  • Los esposos operando independientemente uno del otro  
  • Conceptos erróneos serios con respecto a la relación de autoridad entre los padres y los hijos 
  • Las dificultades concretas en la transmisión de los valores 
  • El número cada vez mayor de divorcios 
  • El aborto, la esterilización, y la mentalidad anticoncepcional 

San Juan Pablo II añadió, “En la base de estos fenómenos negativos está muchas veces una corrupción de la idea y de la experiencia de la libertad, concebida no como la capacidad de realizar la verdad del proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia, sino como una fuerza autónoma de autoafirmación, no raramente contra los demás, en orden al propio bienestar egoísta”. (FC 6)

La familia de hoy necesita una gran cantidad de apoyo de diferentes fuentes. No obstante, un tipo de apoyo que no puede ser sustituido es el apoyo que recibe de la Iglesia. “Por ello hay que subrayar una vez más la urgencia de la intervención pastoral de la Iglesia en apoyo de la familia. Hay que llevar a cabo toda clase de esfuerzos para que la pastoral de la familia adquiera consistencia y se desarrolle, dedicándose a un sector verdaderamente prioritario, con la certeza de que la evangelización, en el futuro, depende en gran parte de la Iglesia doméstica”. (FC 65)

Por esta razón, como Iglesia, debemos asegurarnos de brindar suficiente apoyo a las familias y a los matrimonios en las parroquias. Muchas familias viven fielmente el Evangelio, mientras que otras luchan por hacerlo. Las parroquias deben tener apostolados que aborden las necesidades y desafíos de la familia actual. 

Al igual que su predecesor San Juan Pablo II, el Papa Francisco afirma la importancia de la familia y el papel de la Iglesia como apoyo y guía. “La alegría del amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia...‘el deseo de casarse y formar una familia sigue siendo vivo, especialmente entre los jóvenes, y esto es una inspiración para la Iglesia’.  (Amoris Laetitia 1)

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Joel de Loera tiene una maestría en Teología Pastoral y es el Director de Formación de la Parroquia San Bartolomé en Fort Worth. 

La Iglesia se regocija con los que se regocijan y llora con los que lloran. Esto es particularmente cierto para las familias, ya que “la familia es la célula vital de la vida social”. (CCC 2207)

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